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GenteNoticias.Com/ Tunjuelito/ Judicial

Mujer disfrazada de suboficial burló militares de la Escuela de Artillería durante cinco meses

Adriana Marcela Cantor Ávila de 21 años de edad convivió, entró y salió de la Escuela de Artillería del Ejército en Tunjuelito, como cabo tercero, desde enero del año pasado, hasta que se descubrió que su uniforme era un disfraz.

Bajo los cargos de uso indebido de uniforme e insignias y simulación de investidura, Adriana, dice que una de sus metas es lograr que la reciba el general Freddy Padilla, comandante de las Fuerzas Militares, o el general Óscar González, comandante del Ejército, para pedirles perdón. Agrega que espera tener la oportunidad de demostrar que puede servir en las filas del Ejército.

La supuesta "suboficial", oriunda de Zipaquirá (Cund) vive hace 10 años con sus padres a 10 minutos de la Escuela de Artillería, es estudiante de segundo semestre de instrucción criminal y judicial, después de dejar la carrera de ingeniería de sistemas en la Universidad Cooperativa para ingresar el Ejército dice ella, "porque se me metió en la cabeza lo del Ejército; es algo que ya tenía pensado desde hace mucho tiempo. Era mi meta, mi sueño desde que estaba pequeñita. Le decía a mi mamá que como fuera me iría para el Ejército".

Pese a que Adriana quiso ingresar al Ejército, no lo logró porque no tenía una carrera técnica, y señala que la infiltración nunca lo vio como delito: "no pensé que llegara a tener tal trascendencia, de lo contrario, no lo hubiera hecho" señala.

Cantor compró el camuflado en la sexta (Clle 6 con Cra 10) por cien mil pesos que le diera su mamá. Explicó que el primer contacto lo tuvo con "mi primero (porque oyó a un soldado decirle de esa manera) quien le dio instrucciones y asignado tareas de inteligencia y contrainteligencia. "Todo se me dio. Sentí hartísimo miedo, me daban ganas de salir corriendo y me preguntaba, ¿yo qué hago acá? Y al mismo tiempo pensaba, esto es lo que yo quiero".

"Salía y me iba para la casa y al otro día volví en horas de la tarde. Seguí así durante una semana, ya después volvimos y ya conocía a más gente. Ya me conocía con Vidales, una muchacha que era mi cabo que me sirvió como apoyo, porque me presentó a los demás; el primero del casino me abrió cuenta allí. Y en una habitación que había ahí me dijo: quédese con Vidales.

"Yo la pasaba en el Distrito Militar 52. Y también estaba con Vidales en el Dispensario. Salía con ella en las ambulancias para llevar a los enfermos y heridos", explica Adriana, quien dice que después iba a su casa cada cuatro días y los fines de semana.

Después de cinco meses, un día a las 5 de la tarde, "una señora del uno, de los civiles, me dijo: Cabo, présteme su carné. Y yo le respondí: no, yo no lo tengo; ante la insistencia, le dije que se lo daba cuando regresara. Y me dijo: no, espérese acá. Y ahí llegaron todos: el primero, el teniente. Sentí un miedo tenaz, además de ganas de salir corriendo y lloré. Yo no dije nada, pues ya había cometido el error, no sabía que llegara a tal. Me dio pena y sólo pensaba en mi mamá y en mi familia, porque en sí ellos no sabían nada".

Adriana fue conducida por el CTI a la URI de Ciudad Bolívar, acusada de guerrillera y posteriormente fue dejada en libertad por captura ilegal.

"Voy a hablar con el Comandante del Ejército, con Óscar González o con Freddy Padilla y les voy a pedir perdón. Mi intención no fue hacer quedar mal al Ejército; quiero pedirles una oportunidad y aunque creo que las milicias son duras, pero las reglas son las reglas.

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