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Profetas

Opinión

Cuando las burras reprenden a los profetas

Pastor, Alfredo Torres Pachón. funcripaz@hotmail.com

La Biblia trae historias de asombroso realismo mágico. En sus páginas encontramos verdaderas joyas "macondianas" que ni Gabriel García Márquez, nuestro Nobel de Literatura, con su poderosa imaginación, hubiera plasmado, para la posteridad con tanta maestría: Eva, sacada de una costilla de Adán, al parecer sin su consentimiento, hablando con una serpiente, luego incitándolos a comer de un fruto prohibido, cosa que hicieron, y el Creador apareciéndoles una mañana, en el Huerto, como con las manos en los bolsillos, preguntándoles: ¿Dónde estaban, qué hacían y por qué están desnudos?

La construcción de un arca en lo seco, que se llenó de animales en compañía de la familia de Noé; la precipitación de un diluvio que duró cuarenta días con sus noches, cuyas aguas alcanzaron las más altas montañas. Un año flotando en la inmensidad, convertida en mar; la construcción de un edificio que llamaron "Babel" para alcanzar el cielo; un pueblo pastoril en su más grande odisea épica, el Éxodo, sucediéndoles los más inverosímiles acontecimientos: pasar el Mar Rojo en seco, hacer brotar agua de una roca y recibir en pleno desierto: pan del cielo; un hombre con la quijada de un burro matando a mil de sus enemigos y un pastor de ovejas que para casarse con la hija del Rey le llevó como dote 200 prepucios. Todo aparentemente inverosímil.

La historia del profeta Balaám, (capítulos 22 al 24) de Números, arroja interesantes luces sobre la relación, entre religión y política; la actitud del profeta, frente a los halagos y tentadores ofrecimientos materiales. El rey Balac a través de su alta delegación de gobierno le mandó a decir a Balaám, si me apoyas:"Yo te recompensaré con creces y haré todo lo que tú me pidas. Cualquier parecido con realidades socio-políticas, de nuestros pueblos, con el fin de conseguir votos o de ofrecerlos a candidatos, (a cambio de), no sería coincidencia sino una constante peligrosa. En el desbordado auge de tanta "pastoritis", "apostolitis" y "profetitis" de nuestros días siempre habrá mercado para estas desviaciones. Casi nadie del gremio religioso, tan ávido de dinero y de utilizar la fe para el trueque, el negocio, la prebenda y el tráfico de influencias, despreciaría o echaría por la borda semejante "papayaso". Solo que en nuestros días los balaanes no se desplazan, a sus misiones, en burra sino en jet.

Dios le había dicho a Balaám:"No vayas con ellos; no te prestes para maldecir a mi pueblo". Sin embargo el desbordado afán de poder, reconocimiento y ambición material, nublaron la mente y conciencia del profeta, al punto de obsesionarse por el Rey y sus bondadosas promesas. Balaám utilizó todos sus argumentos tratando de sobornar a Dios y engañar al rey, pero lo pillaron. Tan cínico fue que para justificarse dijo:"Dios no me quiere dejar ir".

Pronto ensilló su burra y tomó el camino hacia la Corte de Balac, sin saber que el sendero se le iría haciendo cada vez más estrecho y que la burra le reprendería su insensatez y avaricia. En efecto es la burra la que ve el ángel del Señor y se resiste a seguir. El animal ve al Señor! Qué ironía!, y percibe algo malo en los pasos del profeta y se resiste a seguir. Enojado Balaám la golpeó tres veces y es cuando la burra le habla: "¿Se puede saber que te he hecho, para que me hayas golpeado tres veces?" Hay que ver la soberbia, arrogancia y falta de misericordia de muchos encopetados y autoproclamados profetas de nuestro tiempo.

Apreciamos, reconocemos y valoramos el sano ministerio profético y el don de la profecía ejercidos con pulcritud y transparencia dentro de lo establecido en la Palabra de Dios y el "hágase todo decentemente y con orden". Pero lo rimbombante, espúreo, estridente, manipulador y mentiroso, para satisfacer crecidos egos, desordenadas lívidos, perturbadas psiquis y ocultas motivaciones se tienen que señalar y combatir sin temor.
Cuando las burras reprenden a los profetas es porque éstos se desviaron y descentraron del propósito de Dios; se apartaron de la Palabra y no tuvieron en cuenta el consejo de sus consiervos. Los profetas de Dios siempre estuvieron al lado del sufrido y necesitado: viudas, huérfanos, proscritos, excluidos, despreciados y extranjeros. Los reyes y poderosos les temían, pero los que tenían algún temor de Dios y querían agradarlo, los consultaban y les solicitaban luz para el camino y sabiduría para gobernar. Ellos estaban por la verdad, la justicia, la equidad, el juicio de Dios, pero así mismo por la esperanza y la salvación.

Otros políticos corruptos los buscaban, mandaban llamar y agasajaban para utilizarlos, prostituirlos y corromperlos con dádivas y prebendas. Cuando el auto promocionado profeta se enreda en minucias de trámite material, su autoridad moral se derrumba y se convierte en un charlatán, traficante y negociante más. De ahí la gran responsabilidad del vidente de Dios. El profeta de Dios está por la verdad, la justicia y la metanoia (arrepentimiento) de la gente, desde el rey hasta el último ciudadano de la nación.

Ciertamente los verdaderos profetas no eran medias tintas. Constituían la conciencia ética y moral de la sociedad. Sal de la tierra. La introducción de sus proclamas, mensajes u oráculos era: "Así ha dicho el Señor" Su mensaje tronaba en todos los ámbitos de la sociedad, pidiendo a sus oyentes volverse a Dios y hacer frutos dignos de arrepentimiento. Juan el Bautista es el mejor ejemplo; "Según el evangelio de Lucas (Cap.3), su mensaje era valeroso. Ciertamente Juan no era el cortesano de los que ostentaban el poder; su misión consistía en trazar el mensaje de Dios sin contemplación y así lo hizo. El arrepentimiento que pedía a sus oyentes era concreto, no se trataba solo de "levantar la mano y aceptar a Cristo"; la demostración de arrepentimiento era "compartir la túnica y el pan", "no exigir más de lo debido, no hacer extorsión ni calumniar a nadie". Fácilmente este tipo de arrepentimiento poco se exige hoy en el devaluado mensaje de las ofertas"

De veras pisaban callos y molestaban las conciencias. No adulaban a nadie ni se acomodaban. Los verdaderos profetas no compraban ni "lagarteaban" las primeras sillas en los ágapes como para sentarse al lado de opresores y escarnecedores. Mantenían celosa distancia del poder temporal y sus tentáculos. Cuando por alguna razón tenían que acercarse a las Cortes Reales a fin de hablar con reyes, príncipes, cortesanas y emperadores lo hacían llevando bisturí para hacer cirugía y no, neceser para aplicar maquillaje.

Colombia y el mundo están huérfanos de profetas. Bueno sería estudiar y encarnar la vida y ministerio de estos hombres de Dios, para desde ahí, y teniendo en cuenta estos paradigmas, provocar un revolcón nacional de profundos cambios espirituales, sociales y estructurales.

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